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Trilogía del Amor: El Amor, el Odio y los Celos (página 2)




Enviado por Felix Larocca



Partes: 1, 2

Las coincidencias y las
simetrías revisitadas…

Navegando el Internet encontramos, de
modo no muy sorprendente, la existencia de un número
incalculable de libros y
asimismo de sitios y publicaciones dedicadas exclusivamente a las
incidencias del azar.

Una revisión somera de la historia de las ciencias y de
la exploración de la Naturaleza, en
todas sus magnitudes, nos indica que haber estado en "el
lugar preciso, en el momento determinado" es responsable por
más de los descubrimientos conocidos, que la perspectiva
intelectual o la perspicacia del investigador.

Aun la historia nos enseña el paralelo misterioso del
brote simultáneo de ideas, tendencias, filosofías y
descubrimientos; como si algo, o "alguien" (un Ser Superior) con
inteligencia,
los estuviese organizando.

En sumario: que no hay coincidencias…

Los celos, no son coincidencias, ya que constituyen un
elemento poderoso en nuestro desarrollo
emocional y, juntos con la envidia son responsables de muchas de
nuestras actividades y actitudes,
tanto patológicas como saludables.

Los celos, el lado
lóbrego del amor

Un reciente estudio norteamericano acaba de demostrar que
más del 33% de las parejas sufre de celos y casi la mitad
de los encuestados los consideran una consecuencia inevitable del
amor puro —
o sea, del amor verdadero.

Dice el cancionero portorriqueño de Ulpiano Herrera, o
¿es del cubano de Armando Soler?):

"La guayabita madura
le dijo a la verde, verde
el hombre
cuando es celoso
se acuesta pero no duerme, ay cholito".

El estudio al que hacemos mención, antes de nuestro
interludio folklórico, se obtuvo de un total de 651
estudiantes universitarios, de los que una tercera parte
confesó estar afectado por los celos en sus relaciones
amorosas. Los síntomas reportados: pérdida de la
autoestima,
sospechas, abuso verbal, peleas violentas o pánico
a ser acosado — es decir, comúnmente se manifiestan
tanto en el celoso como en el celado.
Sin embargo, de la misma prueba, el 46% consideró que los
celos eran una necesidad resultado del amor genuino.
Socióloga, Joann E. Rodgers, autor del libro Sex:
A Natural History
, en el que se habla del lado positivo de
los celos en la relación de pareja, nos dice que los celos
son tan necesarios para el hombre y
la mujer como el
amor y el sexo. De
acuerdo con la autora, la mayoría de los celos no son
patológicos, sino que son sentimientos que operan como una
defensa primaria contra signos de
infidelidad y abandono.
Según Rodgers los celos controlados pueden enriquecer una
relación, ayudar a la pasión y ampliar el
compromiso. Para esta autora, la total ausencia de celos
está asociada a la falta de romanticismo.

Soy más bella que
… (¿Celos o envidia?)

Pero Rodgers, ¡Está equivocada!
Si bien existen relaciones en las que uno de los dos, en la
pareja, es más celoso (léase "inseguro") que el
otro, la respuesta no está en la personalidad
del sujeto, sino en la naturaleza de la otra persona dentro la
relación. Si su pareja muestra señales
de distanciamiento o si hay una unión en que uno es
más valorizado o exitoso que el otro, lo más
probable es que existan cuadros de celos considerables por quien
se siente amenazado
Es lo normal.



El síndrome de Otelo: los celos
patológicos

Si a veces, los celos pueden ser normales, comunes y naturales
en la conducta humana,
existe un lado oscuro en estas pasiones: los celos
patológicos. ¿Qué ocurre cuando los celos se
convierten en algo obsesivo y aun peligroso?
Cuando la persona amada recibe una llamada y el otro siente la
necesidad imperante de saber, en el acto de quién
se trata; o cuando se está en grupo y
éste se dedica a observar todos los movimientos del
otro; cuando no se tolera que la gente sea excesivamente amable
con él/ella — o si se piensa
constantemente que uno no es lo suficientemente
bueno
para el otro. Estas situaciones, concebidas para medir
si uno es – y en qué grado – celoso, abundan en los
tests de las revistas para entretenimiento de los
lectores, leídas en todo salón de belleza. Estas
obsesiones se tornan en un pasatiempo intrascendente en torno a una
emoción, inscrita en el ADN (o código
genético) de los humanos, que puede desembocar en
catástrofes cuando adquiere la categoría de
ofuscación patológica, alimentada por otros
factores como el alcoholismo,
la homosexualidad
latente, o el estrés.
El amor se puede transformar en odio y la distorsión de la
realidad puede ser un verdadero calvario para una pareja.
"Nueve años seguidos quisiera estarla matando",
dice Otelo, el moro, en la obra homónima de Shakespeare,
cuando se cree burlado por Desdémona, su esposa.
Shakespeare anticiparía, quedamente, los riesgos
inherentes al mestizaje…
Los expertos hablan de los celos patológicos como
un trastorno bien diferente de los celos comunes entre
enamorados. Este tipo de celos suele darse en personas
suspicaces, escépticas, desconfiadas, que tienden a
controlar excesivamente a su pareja. Los celos patológicos
corresponden a personalidades inestables y pueden tener
trágicas consecuencias, tanto en quien los sufre, como
para el sujeto de la obcecación.
Una persona patológicamente celosa cree que es
dueña total de su pareja y así lo exige. La
relación termina desequilibrándose, por las
excesivas demandas impuestas, afectando seriamente la estabilidad
mutua.
Muchos profesionales opinan que la falta de amor puede generar en
los niños
problemas de
ansiedad, lo que puede derivar en un adulto histérico y/o
neurótico: creador inconsciente de celos
patológicos. El celoso patológico reclama
sacrificio, pero no es capaz de sacrificarse, siendo muy
egoísta, porque desea ser amado incondicionalmente. De
ahí que el niño necesite cariño y respaldo
como fuerzas creadoras y dosificadas, para asentarse en el mundo
adulto sin problemas narcisistas.

Alteraciones
asociadas

Los celos patológicos pueden tener asociados otros
trastornos físicos, como pueden ser cambios en la
tiroides, trastornos de tipo convulsivos, trastornos de carencias
vitamínicas, uso y abuso de estupefacientes, con
transformaciones drásticas del carácter y la conducta. Sin
hacer mención específica de los trastornos
paranoicos de personalidad.

La neurociencia
nos asiste mucho, como apreciaremos en otras ponencias futuras
que complementan a ésta.
Pero lo más importante son las anormalidades
psicológicas, entendidas como obsesiones, manías y
neurosis. Entre
otros trastornos mentales relacionados con los celos
patológicos está el delirante paranoide que, como
citamos más arriba, corresponde a un estado de
elevación de la conciencia del
Ego, con gran tendencia a la auto-referencia y a la
proyección de las propias ideas en los demás.

Otelo en el momento de asfixiar a la esposa
"infiel"


En una peligrosa forma de psicosis
paranoide, el tema central lo constituyen los celos sexuales
delirantes. Los celos tienen una compleja psicopatología y
los celos patológicos se presentan en diversas
situaciones, incluyendo la paranoia conyugal
(Síndrome de Otelo), limitada al delirio de
celos que involucra a la pareja. La angustia a la que se ve
sometida una persona celosa deriva rápidamente en ira. La
persona acusa, espía o persigue insistentemente a su
pareja, con el fin de demostrar la infidelidad, llegando a
inspeccionar su ropa en busca de evidencias o a
malinterpretar acciones que
justifiquen su sospecha. La agresión física se transforma,
en estos casos, en un peligro real.

Los celos, también existen en el dominio de los
animales que
viven en sociedades y
que compiten, de modo adaptante por los recursos, el
poderío
y la posibilidad de ser considerados especiales.

Aquí lo ilustramos,
en: El caso de Niko (ya descrito en otra lección)

Fue un crimen de pasión. Niko, era un ser dominante y
enamorador contumaz. A las hembras las sometía (como lee
el lema del escudo chileno) "por la razón o la fuerza." Si
ellas no sucumbían a sus requiebros, él las forzaba
a satisfacer sus caprichos sexuales de cualquier manera; mientras
que a compañeros de su mismo sexo los intimidaba con
expresiones gráficas de su vigor salvaje. Niko no era
respetado… Niko era temido y a la vez aborrecido.

"…como son las cosas, cuando son del alma

…y una noche obscura, lo que hacen los
celos…"

Nadie sabe realmente lo que ocurriera, ya que no hubo testigos
de ese crimen de abominación.

Un día, cuando la alborada asomó, Niko
apareció muerto en medio de un pozo de su sangre. Sus ojos
habían sido enucleados y sus testículos
extirpados. Ni se encontró el arma con la que el crimen se
perpetrara, ni nadie admitió responsabilidad por el mismo. Sus
compañeros de alojo, quienes a él resentían,
afectaban una maliciosa indiferencia absoluta.

Este fue evento bizarro, que horrorizó a todos quienes
regularmente frecuentaban el jardín zoológico de
Ámsterdam… porque era éste el preciso lugar
en donde moraba Niko, el desventurado chimpancé.

Richard Dawkins, Robert Wright, Jared Diamond y muchos otros
destacados antropólogos nos instruyen, con sus
entendimientos penetrantes, acerca de la capacidad sorprendente
que poseen muchas especies para destruir miembros de su mismo
género.
En otras palabras, para asesinar. Tal cual, habitualmente, lo
hace nuestro propio género, H. Sapiens sapiens.

En su obra de suma magnitud (The Selfish Gene) Dawkins
describe, lo que puede que sea una de las razones por la que
tantos actos de crueldad ocurran en la Naturaleza: "…
[Él dice que es] para garantizar la propagación
exitosa de los genes… [de una especie]."

El ser humano, habiendo conquistado la actividad sexual con
fines de supervivencia (como lo ha hecho también con la
comida y con la bebida) hoy se dedica (cual lo hacen otros
simios) a practicar el sexo con objetivos
primordialmente placenteros o hedonistas.

Del mismo modo, el ser humano, como parece que sea el caso con
algunas otras especies, trata de impresionar a la hembra
codiciada con expresiones ostensibles de poder, inteligencia,
tenacidad, solvencia y reputación. Virtudes las cuales
pueden concisamente ser traducidas en la posesión de
riquezas.

En los Estados Unidos,
nación
que se destaca por sus excesos en muchas áreas, el
sueño de todo muchacho joven, habitante de los barrios
pobres, nido de los prejuicios raciales y sede del rechazo
social, es el de resaltar en los deportes para así lograr la
posesión de fortunas inmensas. De ese mismo país
también es oriunda la paradoja, de que entre los seres
más renombrados estén los atletas, quienes
también resultan siendo las personas con la menor educación.

Generalmente, el atleta norteamericano, usualmente de origen
africano (de donde se sabe todos procediéramos), procura
adquirir tantas mujeres blancas como pueda lograr seducir…
para… ¿qué más?… para propagar
sus genes, y para validar su ego.

Pero en esta situación hay un detalle peculiar y
problemático; detalle el cual reside en la esencia de la
siguiente interrogación (la cual carece de respuesta
satisfactoria): "¿Si yo no fuera quien yo soy, y, si yo no
tuviera tanto dinero
tú, como mujer, te asociarías
conmigo?…" (Quizás sí… quizás
no…)

El imperativo animal en Norteamérica está
supeditado a las fuerzas abrumadoras de los prejuicios raciales
de una nación
la cual está irremisiblemente fraccionada y socialmente
polarizada. Por esa misma causa, no toma mucho tiempo para
que el atleta descubra que sus "hembras" (mujeres blancas, en la
mayoría de los casos), no desean precisamente la
recepción de sus genes, si no que lo que ansían, en
lugar de éstos, es lograr un acceso ilimitado a sus
cuentas
bancarias. Esto, al atleta, consecuentemente, le menoscaba la
autoestima y desencadena tendencias primitivas, que en
círculos freudianos se conocen como la expresión de
la "rabia narcisista" ("narcissistic rage").

El atleta, o el político, cuyos logros físicos,
pecuniarios y de publicidad, han
sobrepasado, en exceso, sus alcances culturales e intelectuales;
trata de disminuir el trauma penoso a su ego; que les ocasiona su
falta de educación, de abolengo y de oportunidades
culturales; engañándose a sí mismo con la
falsa creencia de que él está dotado con atributos
de omnipotencia, confiando de ese modo que todo (no
importa cuan descabellado sea) lo que haga, le saldrá
bien.

Sin embargo, los resentimientos engendrados
(¿ven?… el gen otra vez) por la evidencia
ostensible y amarga de las ventajas que el usufructo injusto de
sus éxitos han proporcionado a cualquier mujer (a quien
él crea desleal) pueden guiarlo a cometer crímenes
de punición. Esto, se entiende en círculos
darvinistas, que él lo hace para proteger "la
transmisión exitosa de sus genes"… ¡Cosa
triste! …

Y eso puede que así sea… por lo menos, en
algunos casos… ¿Puede alguien recordar alguno?

En resumen

Los celos pueden ser otra expresión de las presiones
sociales bajo las cuales todos vivimos, asimismo pueden ser
manifestaciones de psicopatologías paranoicas severas,
como pueden ser trastornos orgánico-funcionales, como
pueden ser tendencias genéticas o aprendidas del
entorno.

Quizás ser un poquito celoso es gracioso — pero los
celos excesivos son problema serio…

Ahora, consideremos el otro lado de la misma moneda

Amor y odio, pasiones poco
entendidas

Dr. Félix E. F. Larocca

En una previa ponencia: Amor y celos, discutimos esa
pasión tan responsable por tantas miserias humanas.
Aquí añadimos el elemento del odio… Otra de
nuestras pasiones intensas.

Todo lo que nos acontece y todo a lo que respondemos son parte
de nuestro legado genético, hormonal, sexual. Todo.

No podemos concebir que un evento tan natural como lo es
parir, pueda existir sin que un concierto de hormonas
acompañadas de neurotransmisores lo controle y lo hagan
posible.

No olviden revisar las lecciones que nos explican los efectos
neuroquímicos de ciertas hormonas — de la oxitocina en
especial.

Una mujer sin gordura, perfectamente feliz con los contornos
de su anatomía. Orgullosa del impacto que su
cuerpo y sus proyecciones sensuales hace a ambos sexos, decide
que para ser exitosa no debe engordar, renunciando a los dulces
— ¿está loca?

NO. Por supuesto que no lo está. La gordura y el
azúcar
son enemigos del sexo
. (Véase la lección de
este mismo título).

Bueno, entonces, ¿son el amor y los odios
anormales?

NO. No, porque a veces se confunden entre sí. Esto
sucede porque el amor y los odios son caras de la misma
moneda.

Como son caras de la misma moneda la gordura y la belleza.

Las contribuciones de la
neurociencia

Hace muchos años que descubriera en Saint Louis que los
"expertos" no son (a menudo) muy expertos y que para que el
conocimiento y
el futuro de la ciencia
avancen, uno debe de estar dotado de un instinto iconoclasta. Un
instinto que rechaza el status quo que todos parecen
preferir.

Actualmente nos encontramos en la encrucijada forzosa que Bush
(el peor de los presidentes norteamericanos) ha creado,
fomentando el odio entre pueblos que otrora fuesen hermanos.

EL AMOR Y EL ODIO

Amor es una de esas palabras disipadas, que para muchos seres
descaminados, sólo significa sexo.

Amor es una de esas grandes fuerzas de la vida.

Pero Amor- Odio es un binomio que comparten muchos nombres.
Son un par de fuerzas en equilibrio, en
el proceso de la
evolución humana.

Al comienzo, una situación de amor posible, ofrece las
siguientes alternativas: Indiferencia o Interés.

Una vez que nos produce interés, la relación
entre los seres presenta: atracción o rechazo
que en sus expresiones máximas son Amor, Indiferencia o
Desdén.

El actual individualismo requiere una permanente lucha por el
equilibrio de estas fuerzas en conflicto.

Toda relación entre parejas, pasa por las dos primeras
fases: Indiferencia o Interés.

En la propaganda, en
las relaciones personales, en la consecución de un
trabajo, en la
relación de negocios, en
el cortejo, en todo en nuestras vidas.

Primero tenemos que despertar un interés en el
participante, después la corriente debe inclinarse hacia
el lado amor, atracción, desear aquello que ofrecemos.

Cuanto más reforcemos la atracción
más multiplica la fuerza que une. Esto en
cualquier área: propaganda, ventas, ayuda, caridad, empleo,
filantropía, lo que sea. Pasa con animales y humanos.

Cuanto más profundo es nuestro amor más dolorosa
es nuestra pérdida. Se trata de la distribución de vectores de
componentes narcisistas. De lo que antes hemos hablado en previas
lecciones.

El objeto que amamos está dotado por fuerzas
emocionales que provienen de nuestras reservas emotivas. Cuando
mucho amor sentimos, mucho de nuestras reservas narcisistas son
entregamos a la persona amada.

Cuando esa persona nos decepciona, nos abandona o nos
traiciona. Esas fuerzas psicológicas retornan a nuestro
Ego con un impacto profundo de pérdida, de trauma y de
dolor.

Esta condición resulta en la llamada rabia narcisista
de la que ya hemos hablado y la que está reventando con
sentimientos sórdidos de venganza — así se
explican las acciones de Niko y las de los atletas que antes
estudiáramos en esta ponencia.

El amor y el odio ying y yang de nuestros sentimientos.

En resumen

El amor y el odio, existen, y deben de existir en balance,
para permitirnos el privilegio de gozar de lo que experimentamos
y de lo que heredáramos de nuestro pasado
paleolítico y
evolutivo.                  

Y, con la ponencia que sigue, completamos esta trilogía
del amor, como pasión humana… Ya que estudiaremos
el amor y su parte más controversial: El sexo, como su
expresión — lo que, a menudo, deja de serlo…

Amor y sexo, en polos
opuestos del cerebro

Dr. Félix E. F. Larocca

Esto ocurre en los primeros momentos del enamoramiento:

El enamoramiento sume al que lo siente en algo que parece una
enfermedad mental –mezcla de manía, demencia y
obsesión que aparta a la gente de sus amigos y de su
familia, y que
produce un comportamiento
extraño: llamadas telefónicas constantes, vigilias
secretas, poesías
compuestas, canciones inspiradas…, tan intenso, que
podría confundirse con una pesadilla.

Ahora los neurocientíficos han producido imágenes
cerebrales de esta actividad antes de que se asiente en la etapa
del romance de vino y rosas o en la
rutina del compromiso de larga duración. En un análisis de las imágenes publicado
en la revista The
Journal of Neurophysiology
, investigadores de Nueva York y
Nueva Jersey argumentan que el amor romántico es un
impulso biológico distinto de la excitación
sexual.

Es más: según afirman los investigadores,
está más próximo a fuerzas como el hambre,
la sed o la adicción a las drogas que
a estados emocionales como la inquietud o el entusiasmo. La
investigación ayuda a explicar por
qué el amor produce esas emociones
disparatadas que van de la euforia a la rabia y de la rabia a la
ansiedad, y por qué parece hacerse incluso más
intenso cuando se termina.

"Cuando alguien está en las garras de este amor
romántico es irracional, va al gimnasio a las seis de la
mañana… ¿Por qué? Porque él, o
ella, está ahí", dijo la doctora Helen Fisher,
antropóloga de la Universidad
Rutgers y coautora del análisis. "Y cuando uno es
rechazado, puede contemplar la posibilidad de acosar a su amada,
tanto con el homicidio o aun
con el suicidio. Esta
compulsión hacia el amor romántico puede ser
más fuerte todavía que las propias ansias de
vivir". (Consulten aquí: Anatomy of Love: The
Natural
History of Monogamy, Adultery and Divorce por
H. Fisher).

La tecnología de imágenes cerebrales no
puede leer la mente, advierten los especialistas, y un
fenómeno tan complejo y socialmente determinado como el
amor trasciende gráficos de computadora
como los producidos por la técnica utilizada en el
estudio, llamada resonancia magnética funcional. Sin
embargo, según el investigador Hans Breiter, director de
la Colaboración en Neurociencias de Motivación y Emoción del
Massachusetts General Hospital, "este estudio realmente mueve el
marcador en términos de entender la emoción
romántica".

Recompensa y
aversión

"Los hallazgos concuerdan con un cuerpo creciente de literatura científica
que describe un sistema de
recompensa y aversión, y ponen esta construcción intelectual del amor sobre el
mismo eje de recompensas como el comer, el calor o la
adicción a las drogas",
afirmó Breiter.

En el estudio antes mencionado, las doctoras Fisher y Lucy
Brown, del Albert Einstein College of Medicine, del Bronx,
y el doctor Arthur Aaron, psicólogo de la Universidad
Estatal de Nueva York, en Stony Brook, condujeron a un equipo que
analizó alrededor de 2500 imágenes pertenecientes a
17 estudiantes universitarios que se habían enamorado
hacía semanas o unos meses.

Los estudiantes observaron una foto de su amada/o mientras una
máquina de resonancia magnética escaneaba su
cerebro. Los
investigadores luego compararon las imágenes con otras
tomadas mientras los estudiantes miraban la foto de un conocido.
La tecnología de resonancia magnética funcional
detecta incrementos o descensos del flujo de sangre en el cerebro
que reflejan cambios en la actividad del cerebro.

En el estudio, un mapa generado por computadora de las
áreas particularmente activas mostró puntos
calientes en áreas de localización profundas, por
debajo de la conciencia, en áreas como el núcleo
caudado y el área tegmental ventral, que se comunican
entre sí como parte de un circuito altamente
emocional.

Estas regiones tienen un denso contenido de células
que producen o reciben un químico llamado dopamina, que
circula activamente cuando las personas desean algo o anticipan
una recompensa. En estudios en jugadores, consumidores de
cocaína
e incluso gente que apuesta a juegos de
computadora por pequeñas cantidades de dinero, estos
sitios dopaminérgicos se activan extremadamente cuando
ganan.

Sin embargo, enamorarse está entre los comportamientos
humanos más irracionales, no sólo es
cuestión de una pequeña satisfacción o de
ganar una recompensa. Los investigadores encontraron que un punto
en particular, en el núcleo caudado, estaba especialmente
activo en personas que obtenían altas marcas en un
cuestionario
que mide el amor apasionado.

Esta región, vinculada con la pasión,
está en el lado opuesto del área que registra la
atracción física, descubrieron los
científicos, y pareció estar fusionada con el deseo
y la inexplicable pulsión que la gente siente hacia una
persona en particular entre otros que la atraen.

Esta distinción entre encontrar atractivo a alguien y
desearlo, entre gustar y querer, "ocurre en una zona del cerebro
de los mamíferos que se ocupa de funciones
básicas, como comer, beber, mover los ojos, todos en un
nivel inconsciente, y no creo que nadie esperara que estuviera
tan especializada", dijo Brown.

La intoxicación de un nuevo amor se amortigua con el
tiempo, por supuesto, y las imágenes reflejan evidencias
de este cambio,
recalcó Fisher.

En un estudio anterior, publicado en el año 2000, y que
nosotros reportáramos para la UD cuando se
publicara, investigadores de la Universidad de Londres
monitorearon la actividad cerebral de hombres y mujeres
jóvenes que habían tenido una relación
durante dos años. Las imágenes mostraban
activación en muchas de las mismas zonas, pero
significativamente menos en la región relacionada con el
amor apasionado, explicó.

En el nuevo estudio, los investigadores también
detectaron diferencias individuales en su grupo basadas en el
tiempo transcurrido desde el comienzo de la relación
romántica. Comparados con los que se encontraban en las
primeras semanas de su amor, aquellos que ya habían pasado
más de un año mostraban significativamente mayor
actividad en una zona del cerebro ligada con el compromiso de
largo plazo. (Para un estudio detallado de estos conceptos,
consulten: What’s Love Got to Do with It: The Evolution
of
Human Mating por M. F. Small).

El amor reciente es tan incierto, por el temor siempre
presente de que no sea enteramente correspondido, y por la
posibilidad de que el sueño termine
súbitamente.

Fenómeno
frustración-atracción

En otro experimento, los científicos descubrieron que
cuando una persona es rechazada, se activa la zona del cerebro
vinculada con el amor apasionado. "Se trata de un fenómeno
que llamo frustración-atracción", dijo Fisher.

Una de las voluntarias del estudio fue la neoyorquina Susanna
Katz, de 22 años, que desde hacía tres años
había finalizado una relación con su novio. Katz
dijo que se había vuelto hiperactiva para distraer su
atención luego de la separación,
pero que también sufría en ciertos momentos de un
estado físico similar al de la abstinencia.

En otros estudios, investigadores descubrieron que, entre
otros procesos, un
nuevo amor involucra la internalización psicológica
de la figura del enamorado, absorbiendo elementos de las
opiniones de la otra persona, sus hobbies, sus expresiones, su
carácter como así también compartir los
propios.

Freud lo anticiparía cuando hablaba de identificaciones
con "el agresor", aquí siendo la persona responsable por
nuestra amargura.

"La expansión del ego ocurre rápidamente -dijo
el doctor Aaron, co-autor del estudio-. Es una de las
experiencias más excitantes, y lejos de amenazar nuestra
supervivencia, es una de las experiencias que más nos
motivan".

Pero, tener que vivir todo esto de una sola vez, mientras uno
está enamorado, se enreda con las emociones o áreas
más profundas del cerebro. Inevitablemente, la actividad
en esas áreas, se calma y los circuitos del
encéfalo relacionados con la pasión quedan intactos
hasta que un nuevo amor se cruce por el camino, concluyen los
investigadores.

En resumen

Gracias al campo nuevo de la neurociencia asistida por la
imaginería cerebral computarizada (ICC), algunos
conocimientos básicos de nuestras funciones innatas
continúan siendo elucidadas y, más o menos,
entendidas, sino bien explicadas.

Muchos de los conocimientos de laboratorio en
que confiamos son simple confirmaciones de lo que ya descubrimos
a través del estudio directo de los comportamientos
humanos durante la psicoterapia
emotiva/racional.

Pero, a un nivel más fructífero, sería
útil distinguir los elementos que entran en juego, cuando
lo natural (como el amor) se altera, conduciendo a los celos
agresivos; y el hambre a la gordura, la bulimia, o a
la anorexia; y la
sed al consumo de
líquidos que nos enferman.

Piensen…

Fin de la lección.

Bibliografía

Suministrada por solicitud.

Partes: 1, 2
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